De Quicio

Creating unfinished texts / Publicando textos inacabados

El diorama desplegable de la experiencia

En las noches lluviosas, me gusta ir al cine. He tomado esa costumbre por falta de otra a la que atenerse, por necesidad de acudir a rituales cuando acucia la oscuridad de la mente; y, paradójicamente, mi persona ha decidido combatir la oscuridad con otro tipo de oscuridad: la de la sala del cine. He departido en otras ocasiones ampliamente sobre mi preferencia por la oscuridad del cine, el aislamiento sistemático del espacio y la comunión de la experiencia, esa extraña situación que se da, y que reconforta de una manera única. Hoy, sin embargo, vengo a hablar de unos objetos concretos dispuestos en un cine concreto al que suelo ir. Hay allí una exposición que llama mi atención siempre que paso delante de ella. En la antesala del cine, se encuentra una sala donde es posible sentarse y descansar antes de la proyección de la película. En un rectángulo imperfecto, se suceden un par de filas de asientos de color naranja que brillan estrepitósamente bajo la luz pálida del recibidor. En el lado opuesto a éstas, se recoge detrás de los cristales el objeto que llama nuestra atención, y del que nos disponemos a hablar.  Se trata de una colección de máquinas de cine antiguas, una serie de cacharros instrumentos.  Estos se encuentran allí con el propósito de informar de la evolución del medio, desde teatrillos representados en papel hasta esos carruseles que utilizan espejos para dar sensación de movimiento. Hay Uno de ellos, el diorama, se sirve de capas de cartón recortadas colocadas una tras otra para dar sensación de profundidad. En un espacio reducido, el paisaje se extiende kilómetros para representar una abarrotada ciudad o una bucólica pradera con montañas y mil elementos más. A menudo este concepto salta a mi mente cuando recorro una parte de la ciudad que he frecuentado mucho. La experiencia se me asemeja a un diorama: en un espacio reducido, la memoria extiende kilómetros de experiencia separada por años de vida. Los acontecimientos y personajes involucrados surgen espontáneos como setas al pasar por el mismo espacio que los vio desarrollarse, formando capas de cartón que ayudan a explicar el anclaje emocional del paisaje. Co-habitantes extraños de un mismo lugar que se expande en el tiempo, organizan de manera desigual irregular dichas coordinadas. Mismo lugar, una década de experiencia en el mismo.

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Un comentario el “El diorama desplegable de la experiencia

  1. Pantero Pinco
    17 de enero de 2013

    Molaría verlo con los efectos del Michel Golondrí, o como los espectros telefónicos de Star Wars… Haz este experimento, comienza a dibujar tu calle, con el propósito de hacer un mapa de tu barrio (o de la zona familiar en cuestión) y lo vas ampliando sin hacerle mucho caso a los fallos o imprecisiones, con la seguridad de una impresora. Luego lo comparas con el mapa real.

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Esta entrada fue publicada en 7 de enero de 2013 por en Creative writing y etiquetada con , , .
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