De Quicio

Creating unfinished texts / Publicando textos inacabados

Leyendo a Dylan Thomas / Consideraciones sobre la prosa poética

¿Hay espacio para la prosa poética? La pregunta es literal; los textos de prosa no parecen dejar a la poesía espacio suficiente.  La poesía debe respirar – literalmente, también- . Las imágenes deben espaciarse en golpes de aliento, dejando a éste descansar entre imagen e imagen.

La prosa poética no deja espacio a las imágenes, las engulle en un mar de símbolos y significaciones que abruma al lector. El lector intenta poner orden a las imágenes – imagen-verso; imagen-verso – De esta manera, se le concede a la imagen la dignidad que se merece. La prosa poética genera una amalgama de visiones que se entrelazan como en espiral, un trazo de colores psicodélicos que se expanden y mezclan, rastreando el significado final sin llegar a alcanzarlo nunca. Esto puede ser, sin embargo, un fin en sí mismo. La poesía, presenta; la prosa, persigue. Pero una persecución no pretende siempre alcanzar su objetivo;  de hecho, la mayoría de la veces sólo aspira a seguir el curso de su rastro/trazado*.

 

La prosa poética bulle como una marmita, ofreciendo imágenes que suben a su superficie y dando paso a otras constantemente, en una agitación que se revuelve en la mente del lector. Las imágenes estallan y se retraen al fondo una vez que se han servido de ésta para  materializarse

   * ¿Usar rastro o trazado? Rastro deja a la trayectoria más a su azar, pareciendo consecuencia despistada de su presencia; trazado delimita desde el punto inicial la trayectoria.
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3 comentarios el “Leyendo a Dylan Thomas / Consideraciones sobre la prosa poética

  1. María Pereda Santos
    8 de marzo de 2012

    Hola VIrr,
    no tengo mucha idea de lo que es la prosa poética, ¿podrías poner algunos ejemplos en los que te hayas basado para darnos a entender eso de que la prosa poética no deja espacio a las imágenes?
    En cuanto a lo de rastro o trazo, ya te digo que opino sin saber, pero creo que aunque un rastro sea una imagen más poética, la expresión “aspirar a seguir el curso de” implica que “el curso” es algo ya trazado, no? tal vez sería simplemente ¿”seguir el rastro”? bueno, ya te digo que es una opinión de alguien no versado en estos temas, jijiji!

    • a v is a v is a v
      8 de marzo de 2012

      La prosa poética consiste, como su nombre indica, en mantener las cualidades de la poesía usando una forma en prosa. Se supone que estos valores son la preponderancia de imágenes frente a acción o desarrollo; es decir, se presentan imágenes en lugar de narrar unos hechos o desarrollar unos personajes. En realidad, estos límites se han demostrado siempre muy volubles, ya que estas características no se consideraron en otros tiempos inherentes a la poesía en sí. La poesía en tiempos clásicos se asociaba también con la épica, que, al contrario de lo que vemos hoy en día como poesía, sí se basa en la narración principalmente. Lo que hoy en día consideramos poesía se corresponde bastante bien con lo que en otros tiempos era la poesía lírica.

      Esta idea del espacio en la poesía me vino a la mente a partir de unos cuentos de Dylan Thomas que, en mi opinión, expresarían perfectamente la noción de prosa poética. En España, el ejemplo más claro que se me ocurre sería la prosa de Juan Ramón Jimenez. Las imágenes en este tipo de obras se embarullan en la mente del lector de tal forma que uno no puede saborearlas lo suficiente, porque no disponen de un espacio para que éste respire.

      Exactamente, mi intención al intercalar “curso” con “rastro” es hacer un mayor contraste entre algo que, por definición, marca un destino y una trayectoria definida, asociado a una noción que señala lo contrario, vaguedad e indefinición. Con “trazo” el objetivo es señalar lo gráfico de la trayectoria, casi como si alguien estuviera dibujándola.

      Gracias por tus opiniones, el objetivo del blog es, en efecto, que los lectores se conviertan en parte activa en la redacción del texto y contribuyan a su formación.

  2. Pantero Pinco
    10 de marzo de 2012

    Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

    Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal…

    Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel…

    Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña…; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra… Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:

    — Tiene acero…

    Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

    Platero… u_u la cosa más rica del mundo!!!!!!

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Esta entrada fue publicada en 7 de marzo de 2012 por en Creative writing y etiquetada con , , , , , , , .
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